Archivos de la categoría ‘La Palabra de Dios’

Siempre está contigo (Isaías 41:10)

Febrero 6, 2008

“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10).

Este versículo encierra una bella promesa: Dios estará con su pueblo, con sus hijos, a pesar de lo que suceda. Es una de tantas promesas al respecto que podemos leer en las Sagradas Escrituras.
En los tiempos actuales que corren encontramos una larga lista de motivos que causan temor, entre ellos podemos mencionar la delincuencia, la violencia, los robos, los homicidios.
Ante esta realidad, nos llega un mensaje de consuelo y esperanza, un mensaje que, a pesar de haber sido escrito en otra época, posee vigencia actual; un mensaje que infunde ánimo y alegría a quienes lo conocen.
Dios nos acompaña a cada uno de nosotros, nos da el valor y el auxilio que necesitamos ante las situaciones adversas de la vida. Él nos defenderá y sostendrá con su justicia frente a quienes nos quieran hacer daño.
Quisiera resaltar una palabra que infunde gran alivio: siempre. Esto significa que Dios no sólo estará contigo hoy, sino que lo estará en todo tiempo, en todo lugar, y en toda circunstancia.

Fíjate en el corazón

Febrero 1, 2008

“No te fijes en su apariencia ni en su elevada estatura, pues yo lo he rechazado. No se trata de lo que el hombre ve; pues el hombre se fija en las apariencias pero yo me fijo en el corazón” (1 Samuel 16:7, DHH).

Puedes estar bien vestido, tener un bonito auto, un empleo con un buen sueldo, una casa, y muchos más bienes materiales, e incluso puedes tener una hermosa familia y amigos. Por otro lado, quizá estés solo, sin nada o con poco para comer y vestir, buscando un trabajo (o con uno mal pago), viviendo en una zona pobre de tu ciudad.
Seguramente a los primeros la gente los tiene en alta estima, o al menos los respeta por lo que poseen; y a los segundos los miran con menosprecio, pensando que no valen nada porque no tienen nada.
¿Has visto una persona con un buen pasar cuya apariencia te hizo pensar que ese buen pasar no existía para ella? ¿Has visto a alguien por cuya apariencia creíste que tenía cuanto quería y resultó que no?
Las apariencias engañan. El hombre, lamentablemente, se condiciona y vive fijándose en éstas, intentando demostrar algo que no es, queriendo mostrar que tiene lo que le falta.
¿Sabías que se es más feliz con poco que con mucho? Si tienes dinero, fama, reputación, etcétera, es muy probable que te falte lo más importante: amor; y que hayas ganado falsas amistades, personas que te mirarían con menosprecio si tu situación cambiara. En cambio, cuando careces de ciertas cosas, encuentras en el amor un sostén, la fuerza que te impulsa a continuar, te haces de amigos que te brindan su ayuda, y las cargas se tornan menos pesadas. Y el amor es más valioso que cualquier bien material que se ambicione.
Sigue el consejo que Dios da en su Palabra y evita dejarte guiar por las apariencias. Sigue el ejemplo de Dios, quien no se guía por el exterior, sino que mira el corazón. Éste, bíblicamente hablando, es el asiento de los afectos, los sentimientos y las emociones, y de la inteligencia, la voluntad y el intelecto.
Es decir, que “mirar el corazón” significa mirar cómo se comporta el otro, cómo reacciona, cómo siente, cómo vive. Estar atento a actitudes y no a aspectos físicos y posesiones.

(1 de Febrero de 2008)

La preeminencia del amor

Enero 30, 2008

1 Corintios 13: 4-8 (p.p.)
4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
8 El amor nunca deja de ser…

¿Alguna vez te preguntaste qué es el amor en su sentido más sublime, el amor más allá de las emociones? Dios nos da la respuesta en su Palabra, describiendo al amor como el mayor don y fruto del Espíritu Santo.
En su primer carta a los corintios, Pablo habla sobre la superioridad del amor y menciona sus cualidades, además de su carácter eterno. “El amor nunca deja de ser…”, leemos en la primera parte del versículo 8.
Además de eso, declara que el amor es la base de todo. ¿Y Dios qué es? “Dios es amor” (1 Juan 4 ú.p.), Dios es la base sobre la que se debe asentar nuestra vida, Dios es la fuente que nos impulsa, que nos da libertad, que nos quita el miedo.
Si comparamos las características del amor (y las actitudes extrañas a él) con las de Dios, veremos que son las mismas para ambos. Y, por otro lado, éstas son las características que se encuentran en aquellos que aman realmente.

Dios… El amor… Quien ama de corazón…
Es sufrido. También traducido como paciente. Se refiere a tolerar y comprender las faltas y debilidades de los otros; a no irritarse ni enojarse sino permanecer tranquilo ante ciertas situaciones; a no ser precipitados.
Es benigno. Lo cual se relaciona con ser amable y dulce, actuando de manera comprensiva y con sensibilidad, anhelando hacer el bien, y siendo suave en la conversación y el trato.
No tiene envidia. Envidiar significa desear algo que otros tienen, y por ende manifestar sentimientos desagradables hacia ellos. Este sentimiento –la envidia– causa luchas y divisiones, lo cual es completamente contrario a lo que Dios nos enseña: el amor y la unidad.
No es jactancioso. Es decir, una persona que ama sinceramente no se vanagloria a sí misma ni a sus obras, no tiene un alto concepto propio ni confianza excesiva, sino que es humilde, reconociendo a Dios como dador de la vida, de los dones y de las virtudes.
No se envanece. Significa que, quien de verdad siente amor, no es vanidoso ni soberbio ni arrogante ni presumido, no se da importancia ni busca halagos.
No hace nada indebido. Quien tiene amor actúa con cortesía, de manera honrada, con respeto, con honestidad, con corrección, cuidando no herir a los demás por actuar impulsivamente sino más bien evitando aquello que pueda causar sufrimiento al prójimo. El amor va acompañado de la razón, es más que un sentimiento o una emoción, ya que tiene en cuenta los sentimientos y la sensibilidad de los otros.
No busca lo suyo. Aquel que ama no es egoísta, no se pone en primer lugar, no busca su propio bien. El verdadero amor antepone al prójimo, procurando su bienestar y felicidad, cuidándolo. Quien siente el amor desinteresado de Dios, desea hacer la voluntad de éste.
No se irrita. Las diversas situaciones no causarán ira, disgusto ni impaciencia a aquellos cuyo amor es auténtico. Tampoco se llenarán de resentimiento ni se enojarán fácilmente sino que las afrontarán con amabilidad, bondad y tranquilidad.
No guarda rencor. Es decir que no toma en cuenta el mal que ha sido hecho, no atribuye a alguien sus problemas ni es duro en el trato. Intenta comprender de la mejor manera posible el comportamiento de otros.
No se goza de la injusticia. Significa no sentir satisfacción por los defectos de otros, por sus pecados o errores, por su mal proceder, por su culpabilidad ante una circunstancia, por su castigo. El amor procura ayudar al prójimo, tanto a amigos como a enemigos. Mas se goza de la verdad… Contrastando con injusticia, se nos deja claro que el amor se complace ante las virtudes, el progreso y la felicidad de otros. El amor es justo y bondadoso.
Todo lo sufre. Tolera las faltas de otros, no examina sus debilidades.
Todo lo cree. Interpreta la conducta ajena como mejor puede, sin creer cualquier cosa (en especial cuando se trata de aquellas que perjudican a alguien) a menos que haya evidencias. El amor en relación con Dios cree lo que la voluntad divina le revela al hombre, lo acepta y obedece con gratitud.
Todo lo espera. Tiene la esperanza de que, a pesar de las apariencias y motivos que lleven a dudar de la sinceridad de otros, todo tendrá un buen final. Posee fe en el prójimo, volviéndose defensor de la causa ajena, aun frente a la oposición. El amor se basa en la confianza, y esta confianza descansa finalmente en Dios. Por eso el amor está dispuesto a hacer frente al ridículo, la lucha y el desprecio en defensa de otros, pues confía que a su debido tiempo será enaltecida la verdad.
Todo lo soporta. Las dificultades, las injurias, las pruebas, las persecuciones, los ataques, son soportados con la paciencia y comprensión del que ama.

“El amor nunca deja de ser…”. Dios es amor, su ley está fundamentada en amor. Dios es eterno e inmutable, no cambia. El verdadero amor no muere.

Desarrolla el amor,
la virtud más hermosa que Dios te ofrece

(Tomé algunos párrafos del Comentario Bíblico Adventista)

Salmo 23

Enero 28, 2008

Este Salmo de David es mi favorito; encierra tantas verdades bellas… Sin embargo, muchas personas no lo saben.

Brevemente diré que…
Mediante este Salmo, Dios nos hace saber que es nuestro Pastor, es quien nos guía y cuida a lo largo de nuestra vida, proveyéndonos de todo lo que necesitamos y brindándonos espacios de paz y tranquilidad. A su vez, nos confortará, nos calmará, cuando las tormentas se desaten alrededor; y a través de su justicia, de su guía por el buen camino, conoceremos que Él es Dios, un Dios de amor, y lo alabaremos por ello.
Aunque la muerte esté cerca, no podrá hacernos daño si sabemos y reconocemos que Jesús venció a la muerte en la Cruz, y recordamos que Jesús es la vida. Seguros de esto y de la presencia de Dios, no hay nada por lo cual temer.
Él alejará de nosotros a quienes nos quieran hacer daño y nos sostendrá con su mano para que no caigamos. Nos dará lo suficiente cuando nos haga falta, frente a aquellos que se burlan de nosotros, que esperan que caigamos y que nos asestan golpes continuamente. Dios nos concede abundantes bendiciones espirituales. El Espíritu Santo estará siempre a nuestro lado, si con amor, fe y lealtad le seguimos.
Junto a Dios, el bien y la misericordia estarán presentes en nuestro camino, a pesar de lo malo que pueda suceder. Y cuando lleguemos al final, moraremos junto al Pastor, en su hogar, por la eternidad.